Cuando era chico mi padre solía poner un disco de Manuel Bernal "El Declamador de América", el cual tenía varias declamaciones como "Suave Patria", "Por qué me quite del Vicio", "El Seminarista de los ojos Negros", "El brindis del bohemio", etc.
Cuando cursé la escuela me dí cuenta que varios de mis compañeros también conocian las declamaciones. Luego me tocó asistir a festivales y competencias de Oratoria y declamación donde nuevamente escuchaba las declamaciones.
Buscando información sobre ellas encontré algo: "Podríamos decir que la declamación es la interpretación de un poema, buscando profundizar su mensaje con el uso armonioso de la voz y la sutileza del gesto. La declamación busca cautivar al espectador para que vibre con el sonido y significado de las palabras, acentuando con el gesto y el movimiento aquellos versos o palabras que destaquen el sentimiento y la emoción contenida en el poema. Muchos autores han tratado de diferenciar declamación y recitación, aunque en la actualidad ambos términos se utilizan como sinónimos."
Además del arte para poder declamar, donde tiene uno que practicar como pararse, los gestos, la voz, las expresiones, actitudes, la declamación debe tener un contenido profundo que apasione al espectador.
Aunque no sé que tanto conocen las nuevas generaciones de esto, les recomiendo escucharlas y disfrutar el arte que tienen.
Porque me quité del vicio
No es por hacerles desaigre...
Es que ya no soy del vicio...
Astedes mi lo perdonen,
pero es qui hace más de cinco
años que no tomo copas,
onqui ande con los amigos...
¿Qué si no me cuadra?...íHarto!
Pa que he di hacerme el santito:
he sido reteborracho;
ícomo pocos lo haigan sido!
íPerora si ya no tomo,
manque me lleven los pingos!
Dendi antes que me casara
encomencé con el vicio;
y, aluego, ya de casado
también le tupí macizo...
íProbecita de mi vieja!
íTan güena siempre conmigo...!
íPor más que l´hice sufrir
nunca me perdió el cariño!
Era una santa la probe,
y yo con ella un endino;
nomás porque no sufriera
llegué a quitarme del vicio,
pero, poco duró el gusto,
la de malas se nos vino
y una nochi redepente,
quedó com´un pajarito.
Dicen que juel corazón...
Yo no sé lo que haiga sido;
pero sento en la concencia
que jue mi vicio cochino
el quizo que nos dejara
solitos a mí y a m´hijo,
íun chilpayate di ocho años
que quedaba güerfanito
a ledá en qui hace más falta
la madre con su cariño!
Me sentí disesperado
de verme solo con mhijo...
íProbecita criaturita!
Mal cuidado...mal vestido
sempre solo...íRicordando
al ángel que´bia perdido!
Entonces pa´no pensar
golvi a darle recio al vicio,
porque poniéndome chuco,
me jallaba más tranquilo,
y cuando yastaba briago
y casi jueras de juicio,
parece que mi dijunta
taba allí, íjunto conmigo!
Al salir de mi trabajo
m´iba yo con los amigos,
y, aluego, ya a medios chiles,
mercaba yo harto refino
y regresaba a mi casa
onde mi aguardaba m´hijo;
y allí, íduro!, trago y trago,
hasta ponerme bien pítimo...
íY aistaba la tarugada!
Ya endinantes les he dicho
lueguito vía a mi vieja
que llegaba a hablar conmigo
y encomenzaba a decirme
cosas de mucho cariño,
y yo, a contestar con ella,
como si fuera dialtiro
cierto lo questaba viendo,
en tan mientras que mhijo
si abrazaba a mi asustado
diciéndome el probe niño:
«¿Onde está mi mamacita?
Dime on tá, papacito...
¿Es verdad que testá hablando?
¿Cómo yo no la deviso...?»
«Pos qué no la ve, tarugo,
ívaye que li haga cariños!»
íY el probecito lloraba
y pelaba sus ojitos
buscando ritiasustado
a aquella a quen tanto quiso...!
Una noche, al regresar
destarle dando al oficio,
llego y, al abrir la puerta,
íay Jesús, lo que deviso!
Hecho bola sobre el suelo,
taba tirado mi niño,
risa y risa comun loco,
y pegando chicos gritos...
«¿Qué te pasa?...¿Qué sucede...?
¿Ti has güelo loco dialtiro...?»
Pero intonces, en la mesa,
videl frasco del refino,
que yo bia dejado lleno,
enteramente vacío.
Luego luego me di cuenta
y me puse retemuino:
«¿Qui has hecho, escuincle malvado»
íYa bebites el refino...!
«íPaqui aprendas a ser güeno,
voy a romperte l´hocico...!»
Y luego con harto susto
que l´hizo golver al juicio,
y con una voz di angustia
que no he di olvidar, me dijo:
«íNo me pegues...no me pegues...!
No soy malo, papacito.
íJue pa ver a mi mamita
como cuando habla contigo!
íJue pa quella me besara
y mhiciera hartos cariños!»
Dendentonces ya no tomo
onqui ande con los amigos...
No es por hacerles desaigre,
pero ya no soy del vicio...
Y cuando quiero rajarme
porque siento el gusanito,
de tomarme alguna copa,
nomás mi acuerdo de mhijo
y entonces si ya no tomo
ímanque me lleven los pingos...!
CARLOS RIVAS LARRAURI
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