¿SUEÑOS DE GRANDEZA O LA GRANDEZA DE LOS SUEÑOS?

Grandeza Suenos

El Premio Nobel de la Paz Elie Wiesel imagina en uno de sus relatos un encuentro entre Herzl y Freud, donde Herzl hubiera dicho: “Doctor Freud, tengo un sueño. Un sueño que me atormenta y no me permite dormir de noche. Me siento atravesado por este sueño y no sé qué hacer”. Freud entonces hubiera respondido: “Venga, don Theodoro, recuéstate en el sofá y vamos a trabajar ese sueño. Lo voy a atender y lo voy a curar de ese problema que usted tiene”. Desde la ironía, Wiesel agradece que ese encuentro nunca haya sucedido. Freud lo hubiera psicoanalizado, sanado de su trauma, y nosotros no tendríamos ningún Estado de Israel.

Nuestros sueños son imprescindibles, marcan el destino, el rumbo y además, son la gasolina para el viaje. Son el aire fresco que renueva convicciones, y que nos hace saber que no debemos estar conformes con lo que somos, sino ir por todo aquello que podemos llegar a ser. Podemos estar meses soñando y diseñando unas vacaciones, pero no nos regalamos un día para soñar y diseñar una vida. Tal como dice Mario Benedetti: “Cinco minutos bastan para soñar toda una vida, así de relativo es el tiempo”.

El texto de esta semana nos cuenta acerca de la historia de Yosef, el hombre de los sueños. Yosef soñaba sueños de grandeza, se veía en la cima, rodeado del sol, la luna y las estrellas. Se soñaba liderando, cambiando la historia. Pero Iosef no había comprendido aún que no alcanza con tener sueños. Los sueños son el combustible y el destino, pero es necesario un GPS, una estrategia, una ruta, para hacerlos realidad.

Iosef es demasiado impaciente. Falto de tacto, impreciso al hablar y desde la tierna soberbia de la juventud, no mide a quienes hiere en el camino. La falta de estrategia para alcanzar lo que sus sueños le susurran, lo lleva al destierro, la cárcel, la distancia, la soledad y el olvido.

Martin Luther King dijo: “I have a dream”, “Yo tengo un sueño”. Pero zlogró que ese sueño no sea sólo suyo. Se transformó en la voz del sueño de millones de hombres y mujeres que buscaban un mundo con mayor igualdad, con libertad para ejercer la propia identidad, sin barreras ni vergüenzas. Un mundo que deje atrás el oscurantismo de la discriminación, el racismo y la falta de derechos. En su sueño llevaba los sueños de tantos de nosotros. Más tarde, John Lennon diría: “Un sueño que sueñas solo, es sólo un sueño. Un sueño que sueñas con alguien, es una realidad”.

Sueños y destinos. Estrategia y caminos. Sin embargo, hace falta una última pieza: el punto de arranque. Dice Sartre: “Soñar en teoría es vivir un poco, pero vivir soñando es no existir”.

Para lograr que nuestros sueños se cumplan, deberemos aprender a armarnos de paciencia, de inteligencia, y ser los estrategas de nuestras decisiones, elecciones y conversaciones. Entonces, más que hurgar en el inconsciente, estar plenamente conscientes, de que es tiempo de despertar.

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